Fotografía de

Fotografía de Rafael Luque Rojo

Introducción

Con motivo del Día Internacional de la Poesía, 21 de marzo, aproximación a la singularísma figura emeritense de la literatura europea y universal:

EULALIA DE MÉRIDA.

Introducción 2.

Pocos personajes en la Historia de la Humanidad han tenido tantas consideraciones como esta joven emeritense muerta como mártir cristiana.

Por ello fue Eulalia una de las primeras mujeres en entrar en la Historia de la Humanidad, cosa hasta entonces exclusiva de los hombres; pero también entró en la Literatura en donde ocupa la más singular de las posiciones.

Y todo porque a finales del siglo IV el poeta hispanoromano Quinto Aurelio Prudencio Clemente, considerado uno de los mejores poetas cristianos de la antigüedad, decidió dedicarle un bellísimo Himno, el Tercero de su Peristéfanon o Libro de las Coronas.

En este Himno, impregnado de momentos de una belleza excepcional, vemos a Eulalia como la primera encarnación real de la Amada delCantar de los Cantares; también vemos en él cómo los Primeros Juegos Florales Modernos se les dedican a ella o cómo en el Libro de los Obispos Santos Emeritenses aparece como arquetipo de la Literatura Trovaderesca.

No obstante lo más sorprendente es que Eulalia de Mérida También es protagonista destacada en los inicios de la Literatura Española a través del Poema de Santa Oria de Gonzalo de Berceo, primer poeta español; en él nuestra heroina lleva al Cielo a Oria como guía principal.

E indirectamente la vemos aparecer en los inicios de la Literatura Italiana bajo la denominación de Beatriz en la Divina Comedia deDante Alighieri, también como Guía Celestial en el Canto III.

Pero si por presentarla Prudencio como Amada del Cantar de los Cantares se sitúa Eulalia de Mérida en un lugar muy destacado de la Literatura Mística no podemos olvidar su importancia en la Literatura Romance y Europea:

Su Cantilène es la más antigua pieza literaria conocida entre todas

las lenguas romances o derivadas del latín.

Consideremos estos textos y algunas de las opiniones sobre ella o sobre los versos vertidos por los más diversos especialistas.

CANTILENE

CANTILÈNE DE SAINTE EULALIE/CANTILENA DE SANTA EULALIA.

Primer texto de la Literatura Francesa y Romance; también de la Europea al ser transcrita antes que el primer texto literario de las lenguas germánicas -ambos recogidos en el Manuscrito 150 de la Biblioteca Municipal de Valenciennes-.

Ortega y gasset

“Para el cronista francés y los hombres de que nos habla es el mundo una realidad espléndida dotada de facetas innumerables: a todas ellas hacen frente con una sensibilidad no menos múltiple. Hay fe y duda, briosa guerra, genial ambición, curiosidad de intelecto, sensual complacencia: se corteja a la mujer, se sonríe a la flor, se trucida al enemigo y se goza del bosque y de la pradera. Por el contrario, en la crónica española suele reducirse la vida a un repertorio escasísimo de incitaciones y reacciones... nuestra nacionalidad, en suma, tuvo una embriogenia defectuosa”.

José Ortega y Gasset.




Imagen canti 1

Imagen canti 1
Cantilène de sainte Eulalie en el manuscrito 150 de la Biblioteca Municipal de Valenciennes, Francia.

texto canti 1

La Secuencia o Cantilena de Santa Eulalia es el primer texto literario escrito en lengua francesa, llamada en el momento de su composición simplemente romance, por oposición al latín. Data del año 880 u 881 y está contenida en una colección de discursos latinos de San Gregorio. La secuencia, o poesía rítmica, se cantaba durante la liturgia gregoriana. Avale confirma los trabajos de Bischoff que sitúan la redacción de la obra en una «región hacia Lieja y Aquisgrán».

Esta secuencia está dedicada a Santa Eulalia de Mérida y se inspira en un himno del poeta latino cristiano Prudencio, que se puede leer en el Peristephanon.

oRIGINAL DE LA CANTILENA siguente de versión original

Buona pulcella fut Eulalia,

Bel auret corps, bellezour anima.

Voldrent la veintre li Deo inimi,

Voldrent la faire diaule servir.

Elle no´nt eskoltet les mals conselliers,

Qu´ elle Deo raneit chi meant sus en ciel,

Ne por or ned argent ne paramenz,

Por manatce regiel ne preiment;

Niule cose non la puret omque pleier

La polle sempre non amast lo Deo menestier.

E por o fut presentede Maximiien,

Chi rex ert a cels dis soure pagines.

Il li enortet, don’t lei nonque chielt,

Qued elle fuiet lo nom christiien.

Ell´ent aduret lo suon element.

Meltz sostendreiet les empedementz

Qu´elle perdesse sa virginitet.

Por o´s furet morte a grand honestet.

Enz enl fou lo getteent con arde tost.

Elle colpes non auret, por o no´s coist.

A czo no´ s voldret concreide li rex pagines,

Ad une ´spede[1] li roveret tolir lo chief.

La domnizelle celle kose non contredist,

Volt lo seule lazsier, si ruovet Krist.

In figure de colomb volat a ciel.

Tui oran que por nos degnet preier

Qued auuisset de nos Christus mercit

Post la mort et a lui nos laist venir

Par souue clementia[2].



[1] La muerte a espada, aún siendo deshonrosa entre los romanos, dice Juan Eslava que los “romanos consideraban que el género de muerte más noble era la decapitación mediante hacha o espada”. p.86.

[2] M.P. Dion, en INTRODUCTION...

VERSIÓN ORIGINAL canti

VERSIÓN ORIGINAL FRANCESA.

AL ESPAÑOL

TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL DE JOSÉ CABALLERO RODRÍGUEZ.

adaptación española DE PEPE CABALLERO

La[1] Eulalia fue una buena doncella

que si tuvo cuerpo hermoso, más hermosa tuvo el alma.

Quisieron vencerla los enemigos de Dios,

quisieron hacerla servir al diablo.

Pero ella no escuchó a los malos consejeros

que la empujaban a renegar del Dios que está en el cielo.

Ni el oro, ni la plata, ni las riquezas

ni las amenazas del rey, ni las súplicas;

ninguna cosa consigue doblegar

a la joven para que no prefiera siempre el servicio a Dios.

Y por eso fue presentada ante Maximiano,

que era en aquellos días el rey de los idólatras.

Él la reconviene, esfuerzo vano,

a que abjurase de su fe cristiana.

Ella se reafirma;

mejor soportaría las torturas

que perder la inocencia.

Por ello muerta fue, con alta dignidad.

Al fuego la arrojaron para que de inmediato ardiera

pero al no tener pecados, no se abrasó.

No quiso resignarse el rey de los paganos

y con una espada ordenó cortarle la cabeza.

La damisela no se opuso a tal cosa.

Quería abandonar este mundo y así se lo pedía a Cristo.

En forma de paloma subió al cielo.

Roguémosle todos que eleve una plegaria

para que Cristo se compadezca de nosotros

tras la muerte y nos deje llegar a Él

en su Misericordia.



[1] Nota del Traductor: Atendiendo al criterio del autor por rl que el nombre no es más que reflejo de la cualidad demostrada el dies natalis por nuestra paisama: la bien hablada.

ACCESO

ACCESO A LA ADAPTACIÓN MUSICAL MODERNA DE LA CANTILENA POR MANUEL DOMÍNGUEZ MERINO.

Pinchar a continuación: Cantiléne de Sainte Eulalie

dibujo de notas musicales

dibujo de notas musicales

rostro de santa eulalia separ cantilene e himno

rostro de santa eulalia separ cantilene e himno

Himno III, 1.

HIMNO III EN HONOR DEL MARTIRIO DE LA BIENAVENTURADA SANTA EULALIA.

En él se basa la Cantilène de Sainte Eulalie.

A su vez es un texto fundamental en la Literatura Mística, entre otras razones, porque por vez primera la Amada del Cantar de los Cantares es encarnado en un personaje real.

Quinto Aurelio Prudencio Clemente.

Fotografías de Rafael Luque Rojo sobre Bajorrelieve de Robert Michel.

rostro de santa eulalia

rostro de santa eulalia
La santa virgen honra con sus huesos a Mérida.

HIMNO 1.

Eulalia, de noble origen por su nacimiento, es más no-

ble todavía por la condición de su muerte. La santa vir-

gen honra a Mérida, ciudad que la vió nacer, con sus

huesos y la distingue con su amor. 5

Próximo al occidente está la región que produjo tan

preciado tesoro; poderosa por su ciudad, rica en pue-

los, pero desde ahora más poderosa por la sangre del 10

martirio y por el título virginal que la decora.

Había vivido doce inviernos, cuando fuerte sorpren-

dio a los desaprensivos verdugos sobre la hoguera chis-

posa que ella juzgaba un dulce suplicio. 15

Ya había dado pruebas de que buscaba únicamente

la gloria del Padre y que no destinaba su cuerpo al ma-

trimonio; siendo ya niñita dejó pronto sus muñecas y no 20

se entretenía jugando.

Despreciaba los topacios, dejaba los halagos del mun-

do, se olvidaba de los joyeles de oro; seriecita de cara,

modesta en el andar, ostentaba la gravedad de los ancia-

nos en sus costumbres todavía infantiles. 25

Pero cuando la persecución sangrienta se ceba en los

siervos del Señor y manda a los cristianos que mar el in-

cioenso sacrílego y depositar en las aras de los ídolos el 30

hígado de las víctimas, se indignó el espíritu de Eulalia,

y fuerte de carácter, se dispone a terminar con las crue-

les persecucuiones; y, suspirando en su corazón por la 35

gloria de Dios, la virgencita desafía las armas de los hom-

bres.

El cuidado solícito

El cuidado solícito de su padre contiene en casa a la

animosa doncella; la lleva al campo, lejos de la ciudad,

para que la intrépida muchacha no compre a precio de 40

sangre su amor a la muerte.


Su padre…

No pudiendo ella/ de todas las cosas.

No pudiendo ella aguantar el descanso ni contenerse

en la derrota indigna, de noche, cuando nadie la ve, hace

girar las puertas, y fugitiva, abre los portones de la cer- 45

ca y emprende su camino a campo traviesa.

Acompañada de un cortejo angelical, lastima sus pies

entre zarzas y espinas, y aunque sea densa la obscuridad 50

de la noche, ella lleva como guía un rayo de luz.

Así condujo al pueblo de Israel una columna radian-

te que, poderosa para rasgar la obscuridad de la noche, 55

guiaba con resplandor meridiano, deshaciendo las es-

trellas.

No de otra manera la piadosa virgen, siguiendo el ca-

mino de la noche, mereció llegar al día y no se vió en-

vuelta por las tinieblas cuando huía de los reinos del

mundo y disponía su camino para ir sobre los astros. 60

Ella, rápida en su diligente marcha, anduvo muchas

millas antes que la región del oriente abriera el cielo,

e intrépida, se presenta aquella mañana misma al juez y 65

a los magistrados de la ciudad

gritando: “¡Por favor¡ Qué furor os impulsa a per-

der las almas, y adorar con los corazones demasiado

obsecuentes a los ídolos despreciables, y a negar el úni- 70

co Dios creador de todas las cosas?


Lictor, apresa a la temeraria y cúbrela de suplicios...

perseguís/ todos son la nada

¿Perseguís, ¡ oh caterva despreciada¡, el nombre de

los cristianos? Aquí me tenéis; yo desprecio vuestras

imágenes demoníacas , pisoteo vuestros ídolos, de corazón 75

y de palabra confieso al Dios verdadero.

Isis, Apolo, Venus no existen; Maximiano es un sim-

ple mortal; aquellos porque son obra de la mano de los 80

hombres y éste porque adora a dioses de barro. Todos son

mendaces, todos son la nada.


O te cortarán la cabeza con la espada

El poderosos/ el imperio del príncipe.


El poderoso Maximiano, adorador también de los ído-

los, ¿ por qué persigue las vidas de los cristianos, por qué

se inclina él y adora y consagra su vida a sus dioses? 85

El emperador excelente, el juez ecuánime, se alimen-

ta con sangre pura; ambicioso de los cuerpos santos, des-

garra las entrañas sobrias y se regocija de atormentar a 90

los cristianos.

Luego no te detengas, sayón; quema, corta, divide

estos miembros formados de barro. Es cosa fácil romper

un delicado hilo; no morirá mi alma, por muy hondo 95

que sea el dolor”.

Airado sobre manera el pretor al oír tales palabras,

dice: “Lictor, apresa a la temeraria y cúbrela de supli-

cios; advierta que hay dioses patrios y que no es cosa de

juego el imperio del príncipe. 100


Luego no te detengas, sayón; quema, corta…

Pero antes de dehacerte/matrimonio digno.

Pero antes de deshacerte, deseo con sinceridad, in-

educada muchachuela, si es posible convencerte de tu lo-

cura. Mira cuántos goces puedes disfrutar, cuánto honor 105

puedes recibir de un matrimonio digno.

Tu casa, deshecha en lágrimas, te reclama; gimiendo

queda la angustiada nobleza de tus padres, porque vas a

caer, capullito tierno, en vísperas de esponsales y de

bodas 110.

¿No te mueve la áurea pompa del tálamo ni el amor

sagrado de tus ancianos padres, a quienes vas a quitar la

vida con tu temeridad? Mira preparados a los ministros 115

que van a picotear tu cuerpo.

O te cortarán la cabeza con la espada, o despedaza-

rán las fieras, o te echaremos al fuego viva, y te llorarán

los tuyos con lamentos desgarradores mientras tú te re- 120

vuelvas en tus propias cenizas.

martirio completo

martirio completo
o te echaremos al fuego viva…

Qué trabajo; con aguas fértiles

¿Qué trabajo te cuesta el evitar todo esto? Con tal te

dignes, ¡oh hermosa doncella¡, tocar un granito de in-

cienso con las puntitas de los dedos, quedas perdonada”. 125

La mártir no respondió. Gimió de pena y lanzó un sa-

livazo a los ojos del tirano. Arroja luego los ídolos y lan-

zó con su pie la torta sacrificial puesta sobre los incensa- 130

ríos.

No se hacen esperar; sendos verdugos le arrancan sus

pechos gemelos y el garfio horrible abre de una y otra

parte sus costados y llega hasta los huesos mientras Eu- 135

lalia cuenta tranquilamente las heridas.

“Señor, escriben tu nombre en mi cuerpo; ¡cómo me

agrada leer estas letras que van redactando tu victoria¡”

Y la púrpura de la sangre derramada va deletreando el 140

nombre sagrado de Cristo.

Alegre y animosa, decía todo esto al Señor sin lágri-

mas ni suspiros. No llega el dolor al alma y los miem-

bros, ungidos con la reciente sangre, lavan la piel a un 145

nuevo borboteo de la fuente.

Le aplican luego el último tormento: no lo azotes

desgarradores, ni recuestan su lacerada carne en las pa-

rrillas, sino que le aproximan por doquier teas encedi- 150

das a los costados y al vientre.

Su cabellera olorosa bajaba ondeante por el cuello y

volaba suelta sobre los hombros para cubrir la pureza an-

gelical; toda ella quedaba oculta tras el velo interpuesto. 155

La llama vuela chirriando hacia la cara y se nutre con

la abundante cabellera, se enciende lo más alto de su

cabeza, y la virgen, deseosa de morir, sorbe el fuego con 160

su boca.

De su boca sale rauda una paloma, que, dejando el

cuerpo de la virgen más blanco que la nieve, se dirigió

a las estrellas; era el alma de Eulalia, tiernecita como 165

la leche, rápida, incontaminada.

Inclina su cuello al salir del alma y se apaga la ho-

guera de fuego; se dejan en paz los restos exánimes. Jue-

ga el cefirillo haciendo fiestas en el aire, y rápido, se di- 170

rige a los eternos alcázares.

El verdugo mismo contempló estupefacto la palomita

salida de la boca de la virgen, y atónito, se detuvo y se

arrepintió de sus actos. El lictor huyó también con la im- 175

presión en el alma.

El invierno rígido lanza una capa de nieve y cubre

todo el foro; cubre también el cuerpecito de Eulalia, de-

jado a la intemperie, como un sudario de lienzo.

Retírese el amor de los hombres compasivos, que sue- 180

len tributar el último homenaje; no se la entierre con

llantos. Los mismos elementos, por disposición divina,

celebran sus funerales, tiernecita virgen. 185

Su sepulcro está en Mérida, ciudad esclarecida de la

Vetonia bañada por el famoso Guadiana, que, rápido, 190

lame sus muros con aguas fértiles.

paloma

paloma

final del himno iii

Aquí donde el mármol pulido ilumina los grandes

atrios con resplandores exóticos están depositadas en tie-

rra santa las reliquias y las cenizas sagradas de la mártir. 195

Los resplandecientes techos brillan siempre con sus

antorchas de oro y el pavimiento aparece combinado de

manera que lo creyeras un prado en que se mezclaran 200

las flores y las rosas.

Coged purpúreos alhelíes, apellad los sangrientos aza-

franes; no carece de ellos el invierno fecundo, pues el

aura tépida despierta los campos para llenar los canasti- 205

llos de flores.

Virgencitas y donceles, traed estos trenzados regalos,

y yo, en medio de vuestro círculo, aportaré con pie dac-

tílico una guirnalda entretejida humilde, lacia, pero fes- 210

tiva ciertamente.

Así conviene adorar sus hueso, sobre los que se ha

levantado un ara. Ella acurrucada a los pies de Dios,

atiende nuestros votos y, propicia por nuestros cánticos, 215

favorece a sus pueblos.


basílica

basílica
Su sepulcro está en Mérida, ciudad esclarecida de la Vetonia bañada por el famoso Guadiana, que, rápido, lame sus muros con aguas fértiles.

POEMA DE SANTA ORIA. 1.

POEMA DE SANTA ORIA de Gonzalo de Berceo, última obra del primer poeta de la Literatura Española.



imagen de poema de santa oria

introducción a texto de oria

En el Poema de Santa Oria nuestra Eulalia de Mérida aparece nombrada como Eolalia de Melérida.

He aquí el comienzo del texto en que comienza a ser citada:

texto d oria.

28 Tercera noche era después de Navidat,
de Sancta Eügenia era festividat,
vido de visïones una infinidat,
onde parez que era plena de sanctidat.

29 Después de las matinas, leida la lectión,
escuchóla bien Oria con grant devocïón,
quiso dormir un poco, tomar consolación,
vido en poca hora una grant visïón.

30 Vido tres sanctas vírgines de grant auctoridat,
todas tres fueron mártires en poquiella edat;
Agatha en Cataña, essa rica ciudat,
Olalia en Melérida, niña de grant beldat.

31 Cecilia fue tercera una mártir preciosa,
que de don Jesu Christo quiso seer esposa,
non quiso otra suegra si non la Gloriosa,
que fue mucho más bella que nin lilio nin rosa.

32 Todas estas tres vírgines que avedes oídas,
todas eran eguales, de un color bestidas,
semejava que .eran en un día nascidas,
luzién como estrellas, tant eran de bellidas.

33 Estas tres sanctas vírgines, en Cielo coronadas,
tenién sendas palombas en sus manos alçadas,
más blancas que las nieves que non son coceadas,
parescié que non fueran en palombar criadas.

34 La niña que yazié en paredes cerrada,
con esta visïón fue mucho embargada,
pero del Sancto Spíritu fue luego conortada,
demandólis qui eran e fue bien aforçada.

35 Fabláronli las vírgines de fermosa manera,
Agatha e Olalia, Cecilia la tercera:
«Oria, por ti tomamos esta tan grant carrera;
sepas bien que te tengas por nuestra compañera.

36 Combidarte venimos, Oria, nuestra hermana,
envíanos don Christo, de quien todo bien mana,
que subas a los Cielos e que veas qué gana
el servicio que fazes e la saya de lana.

37 Tú mucho te deleitas en las nuestras passiones,
de amor e de grado leyes nuestras razones,
queremos que entiendas entre las visïones,
quál gloria recibiemos e quáles gualardones.»

38 Respondió la reclusa que avié nombre Oria:
«Yo non sería digna de veer tan grant gloria,
mas si me recibiéssedes vos en vuestra memoria,
allá serié complida toda la mi estoria.»

39 «Fija», dixo Ollalia, «tú tal cosa non digas,
ca as sobre los Cielos amigos e amigas;
assí mandas tus carnes e assí las aguisas
que por sobir los Cielos tú digna te predigas.

40 Rescibe est consejo, la mi fija querida,
guarda esta palomba, todo lo ál olvida,
tú ve do ella fuere, non serás decebida,
guíate por nos, fija, ca Christus te combida.»

41 Oyendo est consejo que Olalia li dava,
alçó Oria los ojos arriba ond estava,
vido una columna, a los Cielos pujava,
tant era de enfiesta que avés la catava.

42 Avié en la columna escalones e gradas,
veer solemos tales en las torres obradas,
yo sobí por algunas, esto muchas vegadas,
por tal suben las almas que son aventuradas.

43 Quando durmié Jacob cerca de la carrera,
vido subir los ángeles por una escalera,
aquesta reluzía, ca obra de Dios era,
estonz perdió la pierna, en essa lit vezera.

44 Moviósse la palomba, començó de volar,
suso contra los Cielos començó de pujar,
catávala don Oria dónde irié posar,
non la podié por nada de voluntad sacar.

45 Empeçaron las vírgines lazradas a sobir,
empesçólas la dueña reclusa a seguir;
quando cató don Oria, Dios lo quiso complir,
fue puyada en soma por verdat vos dezir.

46 Ya eran, Deo gracias, las vírgines ribadas,
eran de la columna en somo aplanadas,
vidieron un buen árbol, cimas bien compassadas,
que de diversas flores estavan bien pobladas.

título de la divina comedia

LA DIVINA COMEDIA de Dante Alghieri, primer escritor de la Lengua Italiana.


libro la divina comedia

libro la divina comedia

cita de riber

Santa Eulalia de Mérida fue precursora de aquella mujer celestial que se aparece a Dante, so un cándido velo, vestida de color de llama viva.

Lorenzo Riber en Aurelio Prudencio, Labor, Barcelona 1942.

Imagen de dante

Imagen de dante
Dante debió conocer a santa Eulalia en la Basílica de San Apolinar el Nuevo de Ravenna, ciudad en la que estuvo exiliado.

Santa Eulalia en Rávena

Santa Eulalia en Rávena
Eulalia junto a Cecilia e Inés en la Procesión al Cielo de las Vírgenes y Mártires de la Basílica de San Apolinar el Nuevo de Ravenna, ciudad en la que estuvo exiliado Dante y en la que reposan sus restos..

introducción a la divina comedia.

La Divina Comedia de Dante Alighieri ha sido interpretada por el arabista decimonónico Miguel Asín Palacios como un recepetáculo de la Escatología Musulmana; evidentemente Asín Palacios demuestra una ignorancia clara tanto de la Escatología Cristiana o Idolátrica Europea; también de la filosofía que animaba el Arte Gótico - no en vano se encardina entre los historiadores románticos del siglo XIX-.

Afortunadamente tanto la Historia como la Literatura han ampliado los campos de investigación hasta minimizar la presencia de influencias de la Escatología Musulmana derivada realmente de la Cristiana y Europea.

Sin embargo el precedente más directo de Beatriz como guía celestial es Santa Eulalia de Mérida en Gonzalo de Berceo.

Otro punto de contacto entre Dante y Santa Eulalia pudo ser la ciudad de Rávena en la que estuvo desterrado y en cuya iglesia de San Apolinar el Nuevo pudo contemplar directamente su figura formando el Cortejo de Mártires que se dirigen al cielo en uno de sus mosaicos.

Accesos de la divina comedia en internetc.

Texto de la Divina Comedia en verso.

LA DIVINA COMEDIA DE DANTE ALIGHIERI
TRADUCCIÓN EN VERSO AJUSTADA AL ORIGINAL POR BARTOLOMÉ MITRE (1891-1897)
NUEVA EDICIÓN, DEFINITIVA, AUTORIZADA, DIRIGIDA POR NICOLÁS BESIO MORENO
BUENOS AIRES, CENTRO CULTURAL «LATIUM», 1922


antettítulo

EL MARTIRIO DE SANTA EULALIA DE MÉRIDA SEGÚN FEDERICO GARCÍA LORCA:

1600 años después de su muerte

Eulalia de Mérida continuaba inspirando a los grandes poetas.

imagen federico

imagen federico

texto

Martirio De Santa Olalla de Federico García Lorca

Por la calle brinca y corre
caballo de larga cola,
mientras juegan o dormitan
viejos soldados de Roma.
Medio monte de Minervas
abre sus brazos sin hojas.
Agua en vilo redoraba
las aristas de las rocas.
Noche de torsos yacentes
y estrellas de nariz rota
aguarda grietas del alba
para derrumbarse toda.
De cuando en cuando sonaban
blasfemias de cresta roja.
Al gemir, la santa niña
quiebra el cristal de las copas.
La rueda afila cuchillos
y garfios de aguda comba.
Brama el toro de los yunques,
y Mérida se corona
de nardos casi despiertos
y tallos de zarzamora.
II
EL MARTIRIO
Flora desnuda se sube
por escalerillas de agua.
El Cónsul pide bandeja
para los senos de Olalla.
Un chorro de venas verdes
le brota de la garganta.
Su sexo tiembla enredado
como un pájaro en las zarzas.
Por el suelo, ya sin norma,
brincan sus manos cortadas
que aún pueden cruzarse en tenue
oración decapitada.
Por los rojos agujeros
donde sus pechos estaban
se ven cielos diminutos
y arroyos de leche blanca.
Mil arbolillos de sangre
le cubren toda la espalda
y oponen húmedos troncos
al bisturí de las llamas.
Centuriones amarillos
de carne gris, desvelada,
llegan al cielo sonando
sus armaduras de plata.
Y mientras vibra confusa
pasión de crines y espadas,
el Cónsul porta en bandeja
senos ahumados de Olalla.
III
INFIERNO Y GLORIA
Nieve ondulada reposa.
Olalla pende del árbol.
Su desnudo de carbón
tizna los aires helados.
Noche tirante reluce.
Olalla muerta en el árbol.
Tinteros de las ciudades
vuelcan la tinta despacio.
Negros maniquíes de sastre
cubren la nieve del campo
en largas filas que gimen
su silencio mutilado.
Nieve partida comienza.
Olalla blanca en el árbol.
Escuadras de níquel juntan
los picos en su costado.
*
Una Custodia reluce
sobre los cielos quemados
entre gargantas de arroyo
y ruiseñores en ramos.
¡Saltan vidrios de colores!
Olalla blanca en lo blanco.
Ángeles y serafines
dicen: Santo, Santo, Santo.

imagen del martirio

imagen del martirio

SANTA EULALIA, “LA MEJOR ESCRITA”

Antonio Mateos Martín de Rodrigo.

a María y a Alicia, mis hijas.

PRÓLOGO EN VERSOS DE FRANCISCO MENA CANTERO:

Eres sol en la sombra, sepultura

que brilla en los adentros porque espera

renacer otra vez como si fuera

el rumor del ciprés, de leche pura”.

Del libro “AÚN NO HA LLEGADO AYER”, 1972.


Foto Brígido.

Texto 2

Hubo mucho tiempo ha un rey sabio y cabal que esbozó una estrella sin rostro; a su tiempo aquella estrella arrebolada se hizo niña enamorada y la niña enamorada se nombró esposa virginal; entonces aquella estrella diamantina, aquella niña enamorada, esta esposa virginal, determinó cumplir una rosa de sólo doce pétalos...

Y el Cantar de los Cantares, el libro del amor perfecto, se encarnó y se enalmó en ella:

Ponme cual sello sobre tu corazón,

como un sello en tu brazo.

Porque es fuerte el amor como la Muerte,

implacable como el seol la pasión.

Saetas de fuego, sus saetas,

una llama de Yahveh.

Grandes aguas no pueden apagar el amor,

ni los ríos anegarlo.

Si alguien ofreciera

todos los haberes de su casa por el amor,

se granjearía desprecio. 8, 6-7”.

La esposa virginal en su niñez escuchó la más sublime e ineludible de las declaraciones amorosas:

“¡Qué bella eres, amada mía,

qué bella eres¡

Palomas son tus ojos

a través de tu velo,

tu melena, cual rebaños de cabras...4, 1.

“Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá,

encantadora, como Jerusalén,

imponente como batallones.

Retira de mí tus ojos,

que me subyugan.6, 4”.

La niña que, seguía mirando, sin embargo, a Jesús con ojos arrobados, conocía su fatal destino en la tierra a los ojos de los que la miraban desde fuera de sus anhelos:

“Me encontraron los centinelas,

los que hacen la ronda en la ciudad.

Me golpearon, me hirieron,

me quitaron de encima mi chal

los guardias de las murallas. 5, 7”.

También conocía Eulalia, por expreso anuncio de Jesús, su primoroso destino en el paraíso celestial:

Levántate, amada mía,

hermosa mía, y vente,

Porque, mira, ha pasado ya el invierno,

han cesado las lluvias y se han ido.

Aparecen las flores en la tierra,

el tiempo de las canciones es llegado,

se oye el arrullo de la tórtola

en nuestra tierra.

Echa la higuera sus yemas

y las viñas en cierne exhalan su fragancia.

¡Levántate, amada mía,

hermosa mía, y vente¡.2, 10”.

Y por su ida, “a çaga de SU huella”, todas las lenguas del mundo proclamaron su nombre y los hechos de su martirio el día 21 de marzo de 2001 en Grenoble; entonces ciento noventa y nueve versiones de la “Cantilène de Sainte Eulalie”, presentadas por la Association Franco-Hellénique de Grenoble-Saint-Martin-d'Hères, trasformaron a la lusitana “bien hablada” (Eulalia) en la “todo hablada” (Panlalia)... pues como bien concreta Marie-Pierre Dion la “Cantilena” está “dedicada al culto de Santa Eulalia de Mérida” en quien, además, añade, se inspira “directamente” a través del Himno III del “Peristephanon” de Aurelio Prudencio Clemente.

A Santa Eulalia, cuando se la pinta o esculpe con un libro en las manos, tal felicísimo evento acontece porque, en realidad, es, por antonomasia, pleonasmo y metonimia, una verdadera y auténtica “SANTA DE LIBRO”. Y no sólo porque de su figura se interesasen grandes escritores como Idacio, San Agustín, Gregorio de Tours, San Isidoro de Sevilla, Gonzalo de Berceo, Fray Luis de Granada, Rubén Darío, Federico García Lorca, Jorge Guillén... o porque los detalles de su corta y casi desconocida vida pasaran a los libros de la liturgia romana-visigoda como asevera Alejandro Recio Veganzones o porque fuese puente de la Literatura Escatológica europea del medievo bajo hacia el medievo alto a través del “Libro de las Vidas de los Padres Santos de Mérida”.

También, iconográficamente, como nos informa Carmelo Arribas Pérez, Santa Eulalia es una “santa de libro” desde finales del siglo XV, pese a la interpretación de Peláez del Espino, quien, extrañamente, interpretó como “pañuelo” lo que en sus compañeras de Almonaster la Real, Santa Julia y Santa Leocadia, son sendos libros... y que, sin más, tenía que ser un libro...

Estos libros se encuentran en las manos de una tríada de mártires y vírgenes maestras en el mal morir para el mejor vivir... como dicen sus respectivas passiones, escritas, simbólicamente, como fuente pedagógica, en libros de piedra, madera u óleo; sus originales altomedievales, escritos en pergamino, eran leídos en los oficios nocturnos y en los aniversarios de sus nacimientos a la vida eterna. Y también eran leídos como literatura de evasión en los monasterios femeninos de época visigoda, según interpreta Juan Gil, quien equipara las “pasiones” de los mártires con las posteriores novelas caballerescas o las anteriores “ novelas tardorromanas”.

Los pintores renacentistas, iniciadores plásticos en el uso de este símbolo, según dice Carmelo Arribas Pérez, plasmaron sólo lo que, hasta entonces, era tradición literaria: en palabras dichas por Santa Eulalia de “Melérida” para entendimiento de Santa Oria, según fueron transcritas por Gonzalo de Berceo:

“Tú mucho te deleitas en la nuestras passiones,

de amor e de grado leyes nuestras razones...”.

Con Santa Eulalia, a través de las palabras de Aurelio Prudencio Clemente, y con Berceo como notario de sus continuas reediciones, surgió el primer libro de texto cristiano y una literatura singular: al ser sustituida la escuela imperial por la eclesiástica (la de su basílica es la primera documentada) aparece la literatura pedagógica cristiana; ésta, ascética, por deducción de Palmer y de Jhon Petruccione, ofrecía por contenido básico la biografía de la santa emeritense como un modelo unisex de “fortitudo”, es decir, de “fortaleza”; su objetivo era la santificación a través de técnicas instrumentales algo menos extremas que las suyas (el “martirio no sangrante”, en expresión de Petruccione -hasta la “paz de la iglesia” para acceder al Paraíso Celestial sólo eran exclusivamente efectivas la pobreza y las renuncias a la vida o a la sexualidad”).

Tras la “paz de la iglesia” se pretendió ampliar el número de los aspirantes también por la práctica de la vivencia “ad martires”, es decir estando “junto a los mártires”; una de las opciones consistía en la visita de sus tumbas; el “Peristéfanon” o “Libro de las Coronas” de Prudencio inicia así la literatura española de viajes; en esta primera guía ya se elogia la grandeza innata de la ciudad de Mérida y del sepulcro de Santa Eulalia (que, a modo de gema hermética, procuraba, como todos los mártires, la salud a los vivos y la vida eterna a los difuntos, en expresión de Jean-Charles Picard); posteriormente Gregorio de Tours aderezará esta primera guía alabando a la ciudad de Mérida por su clima tropical, es decir, por una eterna y milagrosa primavera alrededor del sepulcro de Santa Eulalia.

Hay también investigadores que tienen en gran consideración al “Peristéfanon” o “Libro de las Laureolas”, obra que consagra su tercer himno a Santa Eulalia; Alejandro Recio Veganzones lo tiene como el Primer Martirologio Occidental que se adelantó a los Martirologios “históricos”. Para Hippolyte Delahaye, dice Carmen García Rodríguez, esta obra es una “passio épica” al tener “muchos elementos de tipo literario”, Dufourcq, escribía Aquilino Camacho Macías, “le concede... junto con otras... valor de verdaderas actas martiriales; y Ruinart la incluye, como tal, en su famosa obra “acta martyrum sincera”. Para todos, en aseveración de José Álvarez y Sáenz de Buruaga, el himno prudenciano de Santa Eulalia “... con justicia, se considera perfecto”.

El Himno prudenciano de Santa Eulalia se integra en la primera muestra hispana de un nuevo género literario y parahistórico: la hagiografía tenida por “disciplina nueva y autónoma” frente a la Historia, según interpreta Aquilino Camacho Macías.

La Hagiografía tiene como obra fundamental el eulaliense “ Libro de las Vidas de los Padres Santos de Mérida”; esta obra es de una originalidad extrema, si seguimos a Jesús Menéndez Peláez, quien tiene a la hagiografía visigoda de esta época como “en muchos aspectos continuación, y en algunos casos copia, de la más temprana labor hagiográfica”.

Para Gisela Ripoll e Isabel Velázquez la Hagiografía, género literario surgido más de la biografía que de la historia, tiene en las “Vidas...” el documento más imprescindible para el conocimiento de los siglos VI al VII.

Pero no sucederá hasta 1982 cuando Santa Eulalia sea inscrita como una santa propia de “libros”; el extenso y rico inventario de Aquilino Camacho Macías muestra que, en el intento anterior, realizado por Vicente Barrantes en 1875 o por Nicolás Díaz y Pérez, apenas si reunía escasa y vulgar bibliografía; pero ya abría el gozoso camino francés; en él Santa Eulalia aparece ya como figura internacional; aunque Barrantes no sabía si ¡¡¡“los rudos cantores de gesta”¡¡¡ se referían a la única Santa Eulalia o a su reaparición barcelonesa.

Ahora bien, como deba suceder que “a la flor, las flores”, en expresión de Williams Shakespeare, un mejor día llegó Alejandro Riber a Mérida (que arribó de la mano, pluma y tinta de Aurelio Prudencio Clemente... y de la mano, pluma y tinta de Paul Alard).

Alejandro Riber piropea a Santa Eulalia, sin duda, a causa de su semántica perfecta, desde la escena del Teatro Romano, con los más breves y mejores versos que se le han elevado a la “santita”: “Es un abril que triunfó de doce inviernos”... para el Tránsito, para la Transfiguración.

Como propone José Luis de la Barrera Antón, al presentar a la mártir desde la perspectiva de una niña real, su propia inculpación resultaba temeridad; es decir, osadía descarada de adolescente.

Eulalia sale de la villa paterna desde un lugar situado tan sólo a dos millas romanas del límite jurisdiccional entre Regina Turdulorum y Emerita Augusta (dato que sólo puede proceder de una “passio” emeritense coetánea del martirio que pretende enlazar, por parentesco de sangre, a Santa Eulalia con los primeros colonos de Emerita Augusta, asentados según Frontino, en los límites del territorium emeritense o in finibus Baeticae); Juan Gil ha demostrado de forma inequívoca e incuestionable, además a través de los arcaísmos lingüísticos conservados en la “passio” visigoda, (alguno expuesto anteriormente por Santos Protomártir Vaquero) la existencia de una “passio” local anterior a la obra prudenciana e inspiradora de ella, casi contemporánea del martirio y sospechada por Delehaye a finales del siglo XIX.

Esta sería la primera “pasión” hispánica y la única conservada por un fenómeno usual: el plagio ya sea a texto parcial ya sea a texto íntegro.

Pero Eulalia no camina a ciegas: “en la noche escura” iba “con ansias en amores inflamada” tras salir “sin ser notada estando ya su casa sosegada”; en su camino a la Tierra Prometida “en donde mana leche y miel” le guía a Santa Eulalia la columna yavética de fuego que alumbra al nuevo pueblo de israel. Este fuego divino le comunica a sus pies, sin duda, el mismo gracejo que poseen las estrofas del “Peristéfanon”: “un ritmo alegre, danzarín y bullicioso” en palabras de Juan Gil.

Tras haber tomado la miel aérea de la alborada el tormento que le descubre la mañana de “rosados dedos” es santificante aunque horrendo; pero su cuerpo no se convierte en una llaga que repugne; si en el estrado fue el mejor testimonio, es decir la voz del Espíritu Santo con dicción humana, ahora se hace arena, se hace piedra, se hace ladrillo, se hace pizarra, se hace pergamino, se hace papiro, se hace tablilla de cera... ardiente; y en su cuerpo, con su propia sangre, su último muñón de vida, los pérfidos arrejaques rotulan el nombre arrobador de Jesús con su sangre indeleble: “Sendos carnífices con pellizco horrible -escribe Riber- le arrancan los medrosos senos gemelos. Ella, con tierno labio entreabierto, contempla cómo los garfios escriben en sus carnes lisas con letras de viva púrpura el nombre de Cristo”.

En el trance final Eulalia le inspira a Federico García Lorca hermosísimos versos: “Por los rojos agujeros/ donde MIS pechos estaban/ se ven cielos diminutos/ y arroyos de leche blanca”.

En Eulalia el dolor y el horror no existen; en razón de su leve y grácil edad sus venas están llenas de ardor analgésico... para la indiferencia, para el desdén, para el desprendimiento... “ que ya sólo amar es mi exercicio...” diría por ella San Juan de la Cruz.

En Eulalia, pasado el puente sobre el río Anas, tras recorrer treinta ocho millas de fe, de anhelaciones y de sueños dorados, es la hora del total abandonamiento, del desasestimiento de sí misma para ausentarse de sí misma, para olvidarse de sí misma y para renunciarse a sí misma; pues en ella misma, siempre libre de arrequives y afeites, se concreta el misticismo real, el bautismo cruento, los esponsales divinos sellados por la sangre y el fuego de ambos enamorados; por ello Eulalia vierte su cuerpo en su propia sangre y lava su espíritu en la SUYA; ahora es la “amada en el amado transformada”.

También los garfios escribieron en su alma el “libro de los libros”: el Conocimiento Absoluto, la Sabiduría suprema; así fue proclamada trasunto del Espíritu Santo y su enviada evangelizadora a tierras galas e hispanas (es el primer ángel y también el primer arcángel de origen humano...); y surge, bajo su patrocinio, guía e inspiración, la literatura hispanovisigoda que llenará los anaqueles de las bibliotecas francesas (Aquilino Camacho Macías ve orígenes isidorianos en el dictado latín de la “Cantilena de Santa Eulalia”); esta literatura se inicia, a imitación suya, como gema sabia de mil facetas en “El Libro de las Vidas de los Padres Santos de Mérida”; según deducción de César Chaparro Gómez es la base inexcusable de “cualquier manual general de la historia visigoda” o “para la historia de la Iglesia” o un raro ejemplar entre “los escasos ejemplos de textos hagiográficos visigodos”. También es pieza fundamental para el conocimiento de la Historia Local y franco-española del período visigodo.

Los comentarios de Javier Arce nos permiten descubrir en el texto, expresamente escrito con destino a los primeros destinatarios del cristianismo, según su anónimo autor, un claro resurgimiento de la marginada literatura profética. No en vano declara a esta obra como “una pieza formidable de historia de las mentalidades”; concretamente de la cristiano- griega que, en Mérida, reorienta al cristianismo hispano hacia sus orígenes evangélicos.

La Hagiografía, es decir la biografía de los santos (género dominante, sublimado y enaltecido en la literatura medieval), en Santa Eulalia no es un género literario de aventuras extremas; será utilizada por la nueva Iglesia para endurecer a la aristocracia blanda (princesas, condesas u otras ricas hembras y hombres con hambre de ascetismo (San Waning, primer “confesor” o santo no mártir francés, es un ejemplo); también para atemperar a la aristocracia dura: algún guerrero, incluso, se bautizará en su nombre y en su fortaleza; fue el suceso de San Olaf I, feroz y desalmado vikingo, primer rey de Noruega y Suecia.

Pero el pueblo, representado por los “bárbaros”, reaccionará nuevamente al dictado intelectual y preciosista de Prudencio y creará una versión populachera: la “Passio...” visigoda, reescrita en el siglo VII, a manera de culebrón sudamericano, según queremos interpretar de Juan Gil (él la tiene como “literatura de evasión”, “al uso de religiosos adolescentes y aún maduros” o como ejemplo de “una especie de caballería a lo divino”).

Jesús San Bernardino, basándose en I. Rodríguez, declara que “Con sus himnos, lo que Prudencio pretendería sería la creación de una liturgia privada junto a la oficial de la Iglesia, una liturgia popular y doméstica”.

La “Cantilena de Santa Eulalia” también surgió en el norte de Francia, sin embargo lejos de su territorio catequético, como literatura paralitúrgica o perilitúrgica obediente a las normas popularizadoras del Sínodo de Tours. Como el himno de Prudencio esta singularísima obra eulaliense también alcanza los más altos grados de perfección en la literatura francesa; G. Hilty deduce que su “estructura es equilibrada” y que constituye “una verdadera obra maestra”.

José Luis Mosquera Müller en su artículo titulado “... Y surgió el castellano”, nos pinta a la “santita” en el “primer escalón en la lírica del castellano”. Bien es verdad que con Santa Eulalia surgió el castellano (ya dijimos que su nombre fue una de las primeras palabras pronunciadas en nuestra lengua -ahora añadimos que en todas nuestras lenguas ibéricas-)... pero mejor aún: con su nombre y su figura, al parecer, surgieron, muy tempranamente, los primeros testimonios escritos de todas las lenguas romances; en los años 630-638 (la fecha la dicta Antonio Maya Sánchez) y aquí en su patria “grande”... si nos atenemos a lo que declara Paul Lefrancq en su comentario al “Libro de las Vidas de los Padres Santos emeritenses”; en esta obra aparecerían los primeros trazos de las nuevas lenguas europeas derivadas del latín, trazos que volverán a aparecer en el “escriptorium” de Saint-Amand en el siglo IX... dos siglos después de ser escritas a la vera de la tumba de Santa Eulalia, insistimos, inspiradora y guía del “Libro de las Vidas de los Padres Santos Emeritenses”.

Lo dicho por Mosquera Müller se basa en que Gonzalo de Berceo, dice, escribió que Santa Oria, “vio en el Paraíso” a “las Santas Cecilia, Ágata y... ¡Eulalia¡”; de aquí que según él, “Eulalia forma parte de uno de los pasajes de Gonzalo, el riojano de Berceo” padre de la lírica española.

También Riber había visto a la “martir” en uno de los primeros escalones de la lírica -sin duda un escalón más humilde que el del surgimiento de la lírica castellana- el de la poesía cristiana femenina (sin embargo en ambas ejerce de “primera dama”): “Por el Himno III del Peristephanon Passio: Eulaliae beatissimae Martyris, la mujer entró en la poesía cristiana”; con ella, sin embargo, en el dictado de Prudencio surge la poesía cristiana, es decir, la literatura hispanocristiana que, además, es el primer intento de reconciliación cristiana con la literatura clásica latina según deducción de Luis Rivero García.

Y, a causa del patronazgo canónico que pedían para sí los habitantes del Principado de Asturias, el nombre de Santa Eulalia formará parte del primer documento castellano que se tradujo al latín en Roma, asegura Justo García Sánchez. Por cierto, la “lengua” bable tuvo también sus orígenes literarios en Santa Eulalia; según revelación de Jesús Delgado Valhondo: “El primer poema en dialecto puro asturiano es un poema a Santa Eulalia”; es éste el romance del “Pleito entre Oviedo y Mérida” escrito por Antonio González Reguera en el siglo XVIII: en dicha época, la madre de cien, mil y más literaturas, concitaba a la conloa a través de Certámenes Poéticos en su honor.

Ahora bien o aún mejor nos descubre Lorenzo Riber, sin justificación, aclaración o pista, a Santa Eulalia como precursora de Beatrice di Folco Portinari, guía espiritual de Dante en su gótico paraíso: “Santa Eulalia de Mérida fue la precursora de aquella mujer celestial que se apareció a Dante, so un cándido velo, vestida de color de llama viva”.

Sabíamos, fehacientemente contra lo dicho por algunos divulgadores (señálase con el dedo Josefa López Alcaraz), que Eulalia de Mérida ya estaba también en los principios de la literatura francesa; pero como también evidencia G. Price (y no es francés) también se encuentra en los orígenes de las lenguas derivadas del latín y en sus literaturas: “tanto desde el punto de vista lingüístico como literario constituye (la Cantilena de Santa Eulalia) el más antiguo texto no solamente francés sino también romance”, es decir, su nombre y su martirio dieron principio al primer texto conocido de todas las lenguas derivadas del latín y de todas sus literaturas; la razón es bien simple y efectiva: “es el más antiguo texto romance que representa más o menos fielmente la lengua de su época”. Como añade G. Price no es el caso de los “Juramentos de Estrasburgo”.

A su vez la Prosa, Secuencia o Cantilena de Santa Eulalia fue atribuida por E. Sievers a Hulbald de Saint-Amand, monje de la Abadía de Elnone; la abadía de Saint-Amand-les-Eaux estaba situada en los dominios de la lengua d´Oïl, más allá del Loira, límite del territorio franco-eulaliense según Paul Lefrancq.

Para Yves Chartier la “Cantilena de Santa Eulalia” es “ una de las primeras formas y de las más importante del canto litúrgico oficial romano-franco (el “gregoriano”)”; además, también, y así lo decía Leclercq, la “Cantilena” es modelo de las canciones de gesta francesas como la “Chanson de Roland”.

Pero ahora Riber relaciona a Santa Eulalia también con ¡los orígenes particulares de la literatura italiana¡

Santa Eulalia, ¿“precursora” de Beatriz, dice, Riber, mujer de la que, según Carlos Alvar, se dijo “cosas que no han sido dichas de ninguna mujer”? Evidentemente no sabe Carlos Alvar que en la Historia de la Humanidad Santa Eulalia no tienen parangón. Se le han conferido tantas, tan altas y tan sublimes consideraciones que en ella es su personaje más singular.

Después de verificar el inmenso yerro cometido, expresa y voluntariamente, en materia muy grave, por Miguel Asín Palacios, por qué no decir, de forma rotunda, que Eulalia no es la mera precursora, sino la excusa, la prefigura y el modelo directo de Dante Alighieri para declarar, en el siglo XIV, a su amada Beatriz como “guía celestial” y trasunto del Espíritu Santo.

N.B. Quepa ahora un sólo detalle recogido del libro de “La Vida Nueva”: si Eulalia muere con 13 años, Dante (que creó su mundo con número y medida -muy previsibles-) hace morir a Beatriz bajo este mismo cardinal: “Al punto comencé a pensar, y me di cuenta de que la hora en la cual se me había aparecido esta visión (la de la muerte de Beatriz) fue la cuarta de la noche, de modo que resulta manifiesto que esta hora fue la primera de las nueve últimas horas de la noche)...

Otro literato español, a su vez, por dictado de un tal Munio, de allá del siglo XI, (ahora entendemos la proposición de Riber) también la tuvo por su “Beatriz”; el también primer “bien escriptor” español, Gonzalo de Berceo, había hecho de Santa Eulalia de Mérida, enviada divina y guía celestial (Santa Eulalia es el único cangilón de la noria escatológica cristiana en la Edad Media); en realidad, Berceo, transcribiendo a Munio en el siglo XIII, la ilumina en su Paraíso como la encargada de otras dos guías celestiales pero única “guiona” celestial que disponía de guión y paloma principales:

“Fixa, dixo Ollallia, tu tal cosa non digas,

Ca as sobre los çielos amigos e amigas:

Asi mandas tus carnes, e assí las aguissas

Que por subir a los çielos tu digna te predigas.

Recibe este conseio, la mi fixa querida,

Guarda esta palomba, todo lo al olvida:

Tu ve do ella fuere, non seas deçebida,

Guiate por nos, fixa, ca Christus te combida...”.


Además nos declara Lorenzo Riber a Santa Eulalia como precursora de Teresa de Jesús. “Eulalia de Mérida, en la orgía mística con el Esposo de la medianoche, vertió sobre su vestido de lino la copa del vino rojo”. Prudencio, a través del Himno III, inició la poesía mística española, es decir la literatura mística europea y universal. Entretanto Prudencio convirtió a Eulalia de Mérida en el nexo del misticismo martirial con el misticismo incruento y literario de Salomón, de Ibn Arib, de Eckhart, de San Juan de la Cruz o de Santa Teresa de Jesús.

Y como cada uno ha de encontrarse con su semejante dice Bernard Cerquiglini que el “Rithmus teutonicus de piae memoriae ...” o, más abreviadamente el “Ludwgslied”, que es uno de los textos germánicos más antiguos y el primero de tipo político (en el parecer de F. Simeray), fue escrito a continuación de la “Cantilena de Santa Eulalia”. Es decir los primeros textos de las lenguas romances y germánicas, como bien cotejó F. Simeray, vinieron para luz del mundo en el mismo parto.

epílogo 1

EPÍLOGO EN VERSOS DE JESÚS DELGADO VALHONDO:




texto epílogo

“Una muchacha se desnuda y corre

pinar adentro, sombra adentro.

Entra y sale como agua que se juega

la alegría.

Se confunde con todo lo perdido.

Huye.muchacha, que pronto no volverás a nacer.

...

El cuerpo queda atrás

olvidado,

casa deshabitada

del alma dela huída.

...

El pinar es una voz de mar

que quiso una paloma".



poema del Libro “La Vara del Avellano”, 1974.

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